Las rosas



El género Rosa está formado por un conocido grupo de arbustos espinosos y floridos representantes principales de la familia de las rosáceas. Se denomina rosa a la flor de los miembros de este género y rosal a la planta.
El número de especies ronda los 100, la mayoría originarias de Asia y un reducido número nativas de Europa, Norteamérica y África noroccidental. Tanto especies como cultivares e híbridos se cultivan como ornamentales por la belleza y fragancia de su flor; pero también para la extracción de aceite esencial, utilizado en perfumería y cosmética, usos medicinales (fitoterapia) y gastronómicos.
Existe una enorme variedad de cultivares (más de 30 000) a partir de diversas hibridaciones, y cada año aparecen otros nuevos. Las especies progenitoras mayormente implicadas en los cultivares son: Rosa moschata, Rosa gallica, Rosa damascena, Rosa wichuraiana, Rosa californica yRosa rugosa. Los cultivadores de rosas del siglo XX se centraron en el tamaño y el color, para producir flores grandes y atractivas, aunque con poco o ningún aroma. Muchas rosas silvestres y «pasadas de moda», por el contrario, tienen una fragancia dulce y fuerte.

Cuidado de una rosa...

Es una planta para cultivarse en el exterior que, en general, requiere una exposición al sol, aunque no le gusta el clima tórrido ni ventoso.
Debe procurarse situarse en un lugar ventilado, donde la temperatura no exceda por encima de los 25ºC.
En general, puede cultivarse en climas cálidos, con una variación térmica entre los 15ºC y los 25ºC, pero el su clima preferido es el atlántico.
En climas más fríos hay que proteger las raíces de la helada, mediante un buen acolchado.
Puede aguantar temperaturas por debajo de los -10 ºC, aunque las temperaturas bajas estropean las flores y pueden dañar las raíces, en caso de no estar protegidas.
Para evitar el contraste de temperaturas que se produce en estos lugares cuando sale el sol, con respecto al frío nocturno, es conveniente plantarla a semisombra, de esta manera los rayos solares no la quemarán después de descongelarla.
En caso de querer cultivarla en el interior, debemos evitar que sea en un lugar demasiado reseco, para ello realizaremos riegos frecuentes y pulverizaciones con el fin de aumentar la humedad.
No soporta las habitaciones demasiado cálidas, de ahí que difícilmente pueda vivir bien en un lugar con calefacción o en una estancia cuya temperatura suba por encima de los 15 ºC en invierno.
Otro de los problemas que presenta su cultivo, especialmente en interiores, es la facilidad con la que se desprenden los pétalos en caso de manipular la planta.
Este mismo problema lo presentan aquellos ejemplares que se cultivan en maceta en exteriores, de ahí que no debemos mover la maceta.
Se tiene que regar regularmente, sobre todo en verano. Si se trata de macetas pequeñas, durante esta estación, es aconsejable regar todos los días, especialmente cuando se trata de miniaturas, en pequeños tiestos, que tienen poca retención de la humedad.
Con este tipo de ejemplares incluso es conveniente regar un par de veces al día, en caso de que el rosal esté expuesto a pleno sol.





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